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Cómo prepararse para una entrevista de trabajo

Actualizado el 8 de agosto de 2026 · Lectura de unos 11 minutos

En corto: Preparar una entrevista no es memorizar respuestas: es tener listas cinco o seis historias concretas que puedas adaptar a lo que te pregunten, conocer la empresa y saber qué quieres preguntar tú.

La mayor parte del nerviosismo en una entrevista viene de no saber qué te van a preguntar. Y la mayor parte de las preguntas son previsibles. Preparar bien una entrevista consiste en reducir esa incertidumbre a un tamaño manejable, no en aprenderse un guion.

Antes: las tres cosas que hay que investigar

Qué hace la empresa exactamente. No la frase de la portada: a qué clientes vende, con qué producto, en qué mercados. Diez minutos en su web, su blog y su LinkedIn. Si es una empresa con cuentas depositadas, saber si crece o decrece te da contexto.

Qué problema resuelve el puesto. Vuelve a leer la oferta y pregúntate por qué existe esa vacante ahora. ¿Alguien se ha ido? ¿Están creciendo? ¿Hay un proyecto nuevo? La respuesta cambia lo que conviene destacar.

Quién te va a entrevistar. Si te han dado el nombre, mira su perfil. No para halagar, sino para saber si hablas con alguien de recursos humanos (le interesará el encaje y la motivación) o con quien será tu responsable directo (le interesará si sabes hacer el trabajo).

El método que sostiene casi todas las respuestas

Se conoce como STAR y estructura una respuesta en cuatro partes:

No se trata de recitarlo mecánicamente: se trata de que tus respuestas tengan un principio y un final en lugar de convertirse en una divagación.

Prepara cinco o seis historias, no una por pregunta. Un problema técnico que resolviste, un conflicto con alguien, un error tuyo y cómo lo corregiste, algo que sacaste adelante bajo presión, algo que aprendiste desde cero, un logro del que estés orgulloso. Con ese repertorio puedes responder a casi cualquier pregunta de comportamiento adaptando la misma historia.

Preguntas que caen casi siempre

«Háblame de ti». No es una invitación a contar tu biografía. Dos minutos: qué haces ahora, dos o tres hitos relevantes para este puesto y por qué estás aquí hoy. Prepáralo y cronométralo.

«¿Por qué quieres trabajar aquí?» La peor respuesta es una que valga para cualquier empresa. Cita algo específico: su producto, su tipo de cliente, un proyecto concreto. Si no encuentras nada, revisa si de verdad quieres el puesto.

«¿Cuál es tu mayor defecto?» Sinceridad con matices. Un defecto real que no impida hacer el trabajo, más lo que estás haciendo para gestionarlo: «me cuesta delegar cuando el plazo aprieta; desde el año pasado reparto las tareas por escrito al empezar la semana para no acabar asumiéndolas yo». Lo que no funciona: «soy demasiado perfeccionista», que todo el mundo ha oído mil veces.

«Cuéntame un conflicto con un compañero». Buscan si sabes discrepar sin romper nada. Cuenta el desacuerdo, qué hiciste para entender la otra postura y cómo se resolvió. Evita presentarte como quien siempre tenía razón.

«¿Dónde te ves en cinco años?» Habla de qué quieres saber hacer, no de qué cargo quieres tener. «Me gustaría dominar la parte de analítica hasta poder llevar yo la medición de una cuenta entera» dice mucho más que «me veo como responsable de departamento».

«¿Por qué dejaste tu anterior empleo?» Breve, en positivo, sin criticar. «Llegué al límite de lo que podía aprender ahí y busco un entorno con más volumen» funciona incluso cuando la salida no fue idílica.

«Cuéntame un error que hayas cometido». Elige uno real con consecuencias reales y céntrate en qué cambiaste después. Quien responde «no se me ocurre ninguno» transmite lo contrario de lo que pretende.

Entrevistas por videollamada

Se han normalizado en las primeras fases y tienen sus propios detalles:

Qué preguntar tú

Llegar sin preguntas es de las señales más negativas que se pueden dar. Lleva cuatro o cinco anotadas; hará falta menos, pero algunas se responderán solas durante la conversación.

Evita preguntar solo por vacaciones y horarios en la primera entrevista; ya llegará el momento.

Hablar de dinero

Es incómodo porque casi nadie se lo prepara. Dos ideas que ayudan:

Ve con un rango informado. Consulta convenios del sector, ofertas parecidas y encuestas salariales públicas. En España, los datos oficiales por sector y ocupación están en la Encuesta de Estructura Salarial del INE; son datos agregados y algo desfasados, pero sirven para no salir del rango real.

Si te preguntan primero, puedes responder con un rango y una condición: «Mi expectativa está entre X e Y en función del resto de condiciones. ¿Qué rango tenéis previsto para el puesto?». Devolver la pregunta es legítimo y habitual.

Después

Un correo breve el mismo día o al siguiente —agradecer el tiempo y añadir una frase concreta sobre algo que se habló— es raro y deja buena impresión. Y si te dicen que no, preguntar qué podrías mejorar es información valiosa; a veces la contestan.

Lo que llevas contigo

Repasa tu propio currículum antes de entrar: te preguntarán por cualquier línea que hayas escrito, así que asegúrate de poder defender todas. Si aún estás montándolo, tienes el generador de CV, y si el proceso empieza por correo, la carta de presentación.

Preguntas frecuentes

¿Qué hago si me quedo en blanco?

Dilo con naturalidad y pide un momento: «Déjame pensarlo un segundo». Un silencio de tres segundos es normal en una conversación; balbucear treinta segundos sin decir nada, no.

¿Puedo llevar el currículum impreso?

Sí, y llevar dos copias no está de más. También un cuaderno con tus preguntas anotadas: transmite preparación, no inseguridad.

¿Y si me preguntan por qué dejé mi anterior trabajo?

Responde con una frase breve, en positivo y sin criticar a nadie. Aunque la salida fuera mala, hablar mal de una empresa anterior perjudica siempre a quien lo hace.


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